sábado, 14 de julio de 2012

El abandono escolar en España

Sin duda, el mayor problema al que se enfrenta el sistema educativo español es el del fracaso escolar, un mal endémico y secular que implica la utilización ineficiente de talento, infraestructuras y recursos. Siguiendo los datos que arroja la última encuesta de EUROSTAT, el porcentaje de la población española entre 18 y 24 años que no ha completado el nivel de educación secundaria (ESO), y que no sigue posteriormente ningún tipo de educación o formación posterior, es del 28,4% en 2010. No obstante, es el menor porcentaje de la serie histórica de los últimos 10 años, respecto al valor máximo del 32,0% alcanzado en 2004, tres años antes del inicio de la crisis. Siendo una verdadera sangría, ha reducido su flujo no tanto por causas endógenas, es decir, una modificación sustancial del modelo educativo, sino más bien debido a factores externos sobrevenidos, relacionados con la escasez de oferta laboral provocada por el elevado nivel de desempleo en el que se mueve actualmente nuestro mercado de trabajo. Si nos comparamos con los tres países que nos adelantan en indicadores macroeconómicos en la zona euro (Alemania, Francia e Italia), el índice de abandono español es el superior, muy por encima del 18,8% de Italia, el segundo país con peor índice, y más que duplicando el 11,9% de Alemania. Pero veamos la información que proporciona EUROSTAT desde la perspectiva de los que acaban. Así, el porcentaje de personas que en 2010 habían completado niveles de estudios superiores a los obligatorios, es decir, bachillerato, ciclos formativos de grado medio y superior, y educación universitaria, fue del 52,6%. Este porcentaje es inferior al de los otros tres países: Italia (55,2%), Francia (70,8%) y Alemania (85,8%). Pero supone haber experimentado un sensible crecimiento, cuando en el año 2000 era del 38,6%. En 2010, la OCDE auspició un proyecto sobre los costes del bajo rendimiento educativo, concluyendo que pequeños avances en las capacidades de conocimiento de la población de un país tienen importantes efectos positivos en el PIB a largo plazo. En una situación como la que atraviesa España, con un deterioro importante del crecimiento en términos macroeconómicos, es imperativo realizar reformas estructurales en el sistema educativo.

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