miércoles, 25 de julio de 2012
Sobre la enseñanza universitaria
A lo largo de este largo período de crisis, existe un intenso debate sobre cuáles son las mejores estrategias que nos permiten salir de ella. Donde no hay discusión es que cualquier hoja de ruta tiene que cimentarse en el impulso de la educación y el fomento de la investigación y la innovación. Un buen indicador del grado de cumplimiento puede ser la situación de la enseñanza superior.
Para analizar la evolución experimentada por la enseñanza universitaria en nuestro país, pongamos en relación a la población matriculada con la que teóricamente podría hacerlo, recurriendo para ello al INE, a través de la Estadística de Enseñanza Universitaria y el Padrón municipal. En el curso 2000/01, la relación era del 37,0%, aumentando de manera continua hasta alcanzar en el 2010/11 un porcentaje del 42,2%,
Para comprobar nuestra posición respecto a los países de nuestro entorno en las áreas de conocimiento relacionadas con la innovación tecnológica (ciencias, matemáticas y computación, ingeniería, producción y construcción) en las que los estudiantes españoles han finalizado sus estudios, recurrimos a EUROSTAT (“Labour force survery: Education and training, 2102). Respecto al total de graduaciones anuales, España se encuentra a un nivel similar (25,5%) al de los países más avanzados de la UE, solo por detrás de Francia (26,2%) y por delante de Alemania (24,8%), Italia (22,2%) y Reino Unido (21,9%).
La enseñanza universitaria ha ayudado a la movilidad social de la población española, incluso en aquella que por dificultades territoriales o de renta era impensable el acceso a la educación de grado superior no hace muchos años, tal y como indican los datos que hemos aportado del INE. Tampoco es conveniente olvidar, como hemos demostrado con la información de EUROSTAT, que la educación superior ha permitido mejorar sustancialmente la cualificación de la fuerza laboral de la población, principalmente en las áreas de conocimiento que nos permitirán salir fortalecidos de este ciclo económico regresivo. De ahí la demanda de especialistas que nos llegan de otros países, talento que si sale no podrá aplicarse a los procesos productivos nacionales.
No parece coherente definir solo una política de recortes en recursos de I+D y educación sin una propuesta de mejora en la eficiencia del sistema.
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