domingo, 15 de julio de 2012
Es el crecimiento, estúpido
Hace unos años, basándose en un escenario cortoplacista, se pensó que lo mejor para estimular la economía española era aumentar el gasto público como fórmula para incrementar la demanda agregada. Funcionó, pero a muy corto plazo. Y falló porque lo que se estaba avecinando era un cambio de modelo económico que en aquel tiempo, o no se quiso o no se supo analizar, las dos visiones de igual negativo y catastrófico calado. Los problemas a los que se enfrenta nuestra economía tienen un carácter estructural, y un incremento momentáneo de estímulos fiscales o monetarios no va a disiparlos, sino que ahondan en el retraso de su solución.
Los problemas tienen que solucionarse en la búsqueda a largo plazo de las respuestas, porque lo que nuestra economía necesita es la puesta en marcha de una estrategia de crecimiento sostenible, y no empujones periódicos cortoplacistas. España ya ha situado los costes salariales en niveles anteriores a los del inicio de la crisis, pero nuestro crecimiento en el mercado exterior todavía no se consolida motivado por unos márgenes empresariales superiores y unos niveles de productividad inferiores a los de buena parte de nuestros países competidores.
La política económica de España se está centrando más en lo urgente (déficit público, sistema financiero) que en lo importante, que es lo que nos va a permitir salir de la crisis de una manera sostenible: fomentando el emprendimiento, invirtiendo en innovación e investigación, mejorando la productividad y apostando por situar nuestra economía en nuevos sistemas de producción. Los recortes no llevan al crecimiento, sino que lo imposibilitan.
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